Que tu comodidad no mate tu bienestar
Abril 26, 2010
Aún recuerdo mi primer trabajo serio, en prensa impresa. Cuando las cosas dejaban de funcionar sólo se levantaban de su asiento los directivos y yo. Ellos por vigilar su asiento y yo probablemente por esa bendita inconsciencia optimista que traeré en los genes desde el otro lado del atlántico y que poco a poco voy redomando. Aunque he de reconocer que supuso un incremento de sueldo y responsabilidades de casi el doble que el resto de compañeras y compañeros ya que con ello accedí a CTO o, en idioma local, la Dirección Técnica de un periódico, así, de recién salido de la escuela de artes… Simplemente el acercarme a ver qué pasaba, empaparme del problema, buscar un destornillador en el caso de hardware o seguir un manual en el caso del software. Hasta que hubo un momento en el que todos los problemas los podía solucionar y adquirí ese mérito y reconocimiento. Todo esto entre el revuelo escenificado de la mayoría de compañeros que aprovechaban el problema técnico para echarse un cigarro a la vez que maldecían a las herramientas modernas. Era el año 94 o 95…
Me llama la atención el contexto problema, el concepto problema, la actitud de las personas ante los problemas y su forma de gestionar todo ésto. Tenemos asociado a problema un quiste de dificultad escénica, de imposibilidad, de necesidad de actitud genial y alineación de los astros para superarlo. O de que siempre alguien estará antes para arreglarlo y para qué molestarnos. Tenemos ese chip de la comodidad tan fuertemente implantado que a veces se nos olvidan teorías universales como aquel famoso “Divide y vencerás” que tiene hasta su base científica en el Algoritmo de mismo nombre: “En la cultura popular, divide y vencerás hace referencia a un refrán que implica resolver un problema difícil, dividiéndolo en partes más simples tantas veces como sea necesario, hasta que la resolución de las partes se torna obvia. La solución del problema principal se construye con las soluciones encontradas.”
Esa metodología interior de los problemas, diseñada para sus habitantes, se suele quedar corta. Al igual que el triunfo de Coco Chanel en la moda internacional, fue porque hizo “ropa fácil de quitar”, de Ikea en el mercado del mueble porque abarata costes y facilita diseño mediante el “móntalo tu mismo”, muchas veces la solución a los problemas vive en ciudades vecinas al problema y por eso es recomendable visión externa ya que el interior de los problemas habitualmente trae escenarios complicados, jerarquías o “egocracias” y sobre todo mediocridad, parecer y decir frente a humildad, ser y hacer, que suele ser el principal problema ante los problemas, valga la redundancia. Ponerse a hacer.
Una persona perfeccionista tiene que saber que peor que no hacerlo perfecto es no llegar a intentarlo. Además de saber que esta es la vida en la que las cosas más que perfectas, se valoran por estar a tiempo. Que un trabajo a baja calidad da tiempo a probar a hacer 3 trabajos ”dignos” en el tiempo de 1 “perfecto” ya que la mayoría de las veces nuestra percepción de perfección es falsa o roza lo obsesivo.
Hacen falta nuevas formas de ver los problemas, de visión global y periférica para la emancipación personal ante los mismos y sobre todo, que dejemos de confundir de una vez la comodidad con la anestesia, el bienestar con el “qué bien vives” y adquiramos consciencia de que nadie va a venir a salvarnos los muebles siempre que haga falta, y si alguna vez ocurre así, ten en cuenta que la próxima vez te tocará hacerlo a tí. O soltar dinero para contratar a quien ya te ha demostrado que sabe.
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