Bailar el yo-yo
Diciembre 15, 2008
“todas las frases que empiezan por yo me egotan . Está de moda reafirmarse. Hay gente que queda con otra gente sólo para interpretarse en alto. No escucha. Se escucha. Rellena el bocadillo de la viñeta y luego se lo zampa. Y así no se da vergüenza ajena a sí mismo. Vergüenza propia. Yo es igual a verdad. Lo que sigue al yo es axioma, sentencia. No puede discutirse. Ya no se puede mentir a gusto (y eso que todos los días lo hacemos alguna vez; si no, hagan repaso). Sólo hay que darse una vuelta por la tele, ésa que crea tendencias vi(r)t(u)ales. Los grandeshermanos , tertulianos y demás familia subliman su sinceridad sobre todas las cosas. “Yo te voy a decir las cosas a la cara”. Pues, miren, para que alguien me diga que le caigo como el culo, que le parezco un sobas, un feo o un absoluto imbécil prefiero que me mienta. O, mucho mejor, que no me hable. Que no me dirija la palabra. Ni me apunte con la mirada. Parece mentira, ponerme a defender la mentira. Pues sí, es necesaria. Es útil. Es tremendamente vital. La mentira nos hace libres de verdades sobrantes. De las verdades de otros, que le buscan la boca a la nuestra. Nunca supe bailar el yo-yo, aunque me gustaba verlo bajar y subir con su aire de telaraña hipnótica. Prefiero el tutú, el baile de la conversación ajena. Me gusta escuchar. Y hablar cuando creo que tengo alguna cosa que decir. Si una verdad -una verdad mía, no universal- me golpea en el pecho, la digo. Se la digo a un amigo, a alguien con quien me gusta compartirla. Paso de verdades como puños en cara ajena. Nunca me gustaron las peleas.”
Editado en Diario de Noticias de Álava por david mangana
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