Vitoria-Gasteiz y la Puppet Architecture
Octubre 12, 2009
La “Arquitectura Mascota” o Puppet Architecture es una tendencia que proviene de las megalópolis de Japón y su ya mundialmente famosa falta de espacio, sumada a una crisis económica que si fuese una persona ya tendría derecho a voto casi

Se trata de una disciplina que se basa en la mini reforma, en los anejos o en la creación de viviendas singulares de poco tamaño, que requiere un sentido de la arquitectura alejado de los cánones habituales del rascacielos, edificios emblema, etc. y más cercanos al utilitarismo. Por parte de las ciudades hace necesaria una visión desprejuiciada del progreso, un urbanismo con cintura y con sentido estético: no sólo visadores e intérpretes de leyes, sino personal cultivado y con capacidad de comisariado. Personas conscientes de que no todo lo singular ha de ser “de firma” y que la singularidad es algo más que formas imposibles, materiales esotéticos y fuegos de artificio, que no es patrimonio del capital ni de las élites, sino un fruto del arte, el buen gusto y la apertura de mente, que yo juraría que son valores universales y gratuitos
Dentro de ese sentido del diseño que posee Japón, anteponiendo utilidad y calidad en cierto modo compartiendo conceptos con la arquitectura nórdica, se plantean rupturas de código, mezclas de moderno con antiguo, utilización de materiales low-cost como de tejabán para revestimientos de fachada, estructuras metálicas cubistas y composiciones que a menudo desafían el concepto de estabilidad cuadriculada de las viviendas.

En ciudades de vanguardia y prestigio como Tokio, NY, Londres o Amsterdam podemos encontrar zonas para jóvenes con viviendas integradas en contenedores de transporte marítimo como es la Container City de la imagen primera (Londres) vagones de tren retirados de circulación (Amsterdam) o el Loftcube, que vemos en la segunda imágen y que se distrubuye a nivel nacional por nuestros amigos de Studioroomadrid desde el año 2004, siendo una vivienda de diseño inspirado en la casa Farnsworth, de Mies Van der Rohe, equipada de capricho y con un precio por metro cuadrado casi idéntico al de la VPO en Vitoria-Gasteiz.
Nuestra ciudad posiblemente sea la más mojigata estricta de España, y no ahora sino históricamente, a la hora de permitir avances en la arquitectura y el urbanismo. Pero me gusta creer en que llegará el día en el que las cosas cambien y podamos disfrutar de la condición de ciudad de calidad de vida pero no sólo por las zonas verdes o servicios gratuitos sociales, sino por la pujanza por ser competitivos y vanguardistas. Que no sólo hay que limitarse a hablar de innovación, sino que hay que cambiar hacia el escenario de la posibilidad de innovación antes de gastar un sólo euro en promover libertad entre corsés.
Hace unos meses desde las páginas de El País se afirmaba, con bastante visión, que eran los propios profesionales de la arquitectura los que auguraban el fin de las estrellas mediáticas en el firmamento de los grandes arquitectos. Los grandes proyectos singulares y ambiciosos es muy posible que no vuelvan nunca más a ser lo mismo. Aún recordamos cómo tembló la ciudad cuando se rumoreaba la quiebra de Urco Urbasa a los pocos meses que medios como el Diario de Noticias hubiesen hablado de una operación “ya cerrada”, mientras la promotora de Iráculis estaba situándose en zona roja por culpa de un proyecto alcista con grandes nombres como Norman Foster, Jean Nouvel, Arata Isozaki y Vázquez Consuegra, y sus consiguientes presupuestos desorbitados imposibles de financiar.
Incomprensiblemente, por el bloqueo institucional que sufrimos en los años del Partido Popular en el Ayuntamiento no pudimos tener edificios singulares cuando era el momento de ponerse de acuerdo, como supo hacer Azkuna en Bilbao, y ahora que hay consenso para construir es cuando menos aconseja el sentido común llevar a cabo proyectos de la envergadura del Auditorio de Lakua, proyecto que he apoyado intensamente por su concepto, situación y utilidad pero que a día de hoy me cuesta seguir haciéndolo, viendo los giros en las políticas recaudatorias nacionales, la caída de los ingresos de Gobierno y Diputaciones y que, sobre todo, estamos en un proceso de cambio global en el que la rigidez de la planificación institucional a largo plazo cada vez tiene menos sentido. Ya decía Sun Tzu, el de “El Arte de la Guerra” que en tiempos malos, el principe ha de ser comedido en su gasto público.
El post de hoy va de arquitectura, en parte por extender a mi blog la celebración del cumpleaños de Amagoia, la que me aguanta, mi compañera de vida.
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No estoy de acuerdo con la afirmación de "Nuestra ciudad posiblemente sea la más mojigata estricta de España, y no ahora sino históricamente…" Porque la arquitectura y el urbanismo responden al empuje de la necesidad y si Vitoria no ha experimentado nuevos modelos, ha sido simplemente porque no los ha necesitado, porque el crecimiento demográfico, en los últimos 20 años, no ha sido suficiente y porque los edificios singulares no tienen por qué ser "institucionales".
De hecho, Vitoria ha conocido 3 empujes urbanísticos significativos: En el s.XVIII el Ensanche neoclásico, en el S.XIX El desarrollo Romántico y en el s.XX la discriminación residencial-industrial; que coinciden con crecimiento demográfico y económico y que coinciden con las tendencias arquitectónicas del momento.
Por otra parte, y a modo de ejemplo un vistazo a los años 90 del s.XX basta un paseo por el polígono de Júndiz para admirar bellos ejemplos de edificios industriales de cuidado dieño o los edificios residenciales de los nuevos polígonos, donde se ha diseñado, aunque a veces lejos de las necesidades de la climatología o el confort de los usuarios, etc.
Quizás haya que analizar las nuevas necesidades y las nuevas soluciones pero, insisto, la arquitectura no debe depender exclusivamente de las instituciones. Históricamente, la iniciativa privada es la que más edificios ha dejado en Vitoria.
Se me olvidaba: Pedro, me ha gustado mucho el post.
En lo de mojigata (tachado para poner luego) estricta, me refiero a las limitaciones que desde urbanismo se ponen a planteamientos comerciales, de ser más papista que el papa con quien apuesta por ejemplo, por poner su tienda en en casco viejo en lugar de una zona consolidada, en la que en lugar de ayudarle, se le corta el rollo con rampas, baños de minusválidos y otras cosas que en, por ejemplo, Barcelona, no se hizo cuando se recuperó Raval, Borne, etc. ni en casi ninguna ciudad que conozca bien sus casos, Madrid, Valencia, Barcelona e incluso el propio Bilbao en el que a quien ha decidido montar su tienda en Bilbao la Vieja no sólo no le han frito a inspecciones sino que les han dado permiso para montar fiestas en la calle con DJs, al menos los que están en la calle 2 de Mayo.
Son las instituciones las que permiten o deniegan propuestas singulares, como Loftcube. Lo malo de la arquitectura y el urbanismo es que encierra muchos intereses creados de suelo, contructoras, etc. y el puppet se refiere a uso de ambas cosas, con lo cual no va a tener amigos ni en el Ayuntamiento, que obtiene mucho dinero del suelo, ni de las encargadas de dar formas a los proyectos, con lo que sólo queda confiar en la iniciativa pública como promotora de éste tipo de construcciones, que tanto beneficiarían a la imagen y marca ciudad de Vitoria-Gasteiz